– EL PROMOTOR: competencia hinchada: Alegría; talento desconectado: Amor; vocación prohibida: Miedo. Emociones originarias: Tristeza y Orgullo. Arquetipo: Mercurio.

Dibujo de tipología promotora por Preciada Azancot

Personaje de la Saga Emocional MAT: Eduardo.

Personaje de “Cuentos de la abuela“: Mimí, o la historia de amor de dos niños supervivientes.


Breve descripción de la tipología MAT Promotora:

Literalmente, del libro "El esplendor de lo humano" de Preciada Azancot.

El Promotor es un seductor, es encantador, alegre, animoso, emprendedor, agradable de mirar y de tocar. Es educado, elegante, generoso. Es un regalo y un rayito de sol para los demás. Así al menos es como él se ve. Es visto como un irresponsable, avasallador y aprovechado.

Él dice cosas agradables y consoladoras a los demás, aunque tenga que mentir un poco para no herir. Los demás enfrían su entusiasmo con sus reproches y muestran lo hirientes que son.

Él es valiente y no pide cosas emocionales a los demás, guarda sus dolores y sus inseguridades y presenta, con generosidad, su mejor cara. Cuando se siente mal, desaparece para no molestar. Los demás dicen que es superficial y que nunca le duele nada. Y recurren a él como a un animador o a un payaso, y él, haciendo de tripas corazón, los complace y los anima. ¿Por qué nadie adivina que sufre como el que más y le da un poco de alegría?

Él sabe que el amor es la base y fundamento de la alegría y por ello alegra al mundo. Los demás hablan mucho de amor, pero sólo traen reclamos, exigencias, penas, miserias, deseos de poder, sentido de posesión. Eso no es amor y él lo sabe. ¿Por qué soñar y dejarse engañar por algo que no existe? Es visto como un cínico que usa a los demás y abusa de ellos.

La seguridad es imposible en un mundo como una jungla, donde al menor descuido lo despluman a uno, o se lo tragan. Si él es lo suficientemente adulto, instruido y listo como para no caer en ingenuidades ridículas, ¿no habría que felicitarlo y aprender de él? Los demás se ven en un mundo seguro donde el único depredador es el Promotor.

El Promotor es muy ocurrente, pues su emoción inflada es la alegría, que nutre el Orientador y lo desborda. Con ello intuye verdades y oportunidades, las más veces oportunistas, que los otros no ven. Es un gran vendedor, muy persuasivo que, cuando agota su argumentación emocional, pasa sin temor a manipulaciones para lograr que lo sigan en sus aventuras. De entre las tres manipulaciones básicas (con miedo, culpa y soborno) él elegirá preferentemente el soborno y halagará el ego ajeno, prometiéndole contraprestaciones que luego omitirá proporcionar (cheque de goma). Si esa manipulación no funciona, pasará a la intimidación.

Aunque tiene, cuando recupera su talento y su vocación, una tremenda facilidad para la transformación y la creación, el Promotor se convertirá raramente en un auténtico creador o innovador, y preferirá la comodidad de la inflación de su competencia, siendo ingenioso o “creativo”. Partirá de la alegría inflada que sustituye al amor y considerará las obras ajenas como propias, como algo que está a su disposición a fin de ser usado para servir sus intereses. Meterá tijera en obras valiosas ajenas, extraerá el trozo que necesita, lo mezclará con otros trozos de otras obras que recortó a su capricho, y se atribuirá la autoría del “invento” sin ningún escrúpulo. Es más, se preocupará de extraer toda grandeza de las partes despedazadas y les dará un aspecto y contenido que “agrade” a la cultura tópica y tipológica que esté de moda.

Él hace todo eso con total candor e ingenuidad, como un niño que entra en el despacho de su padre y se pone a recortar ilustraciones de preciosos y valiosos libros, porque le hace gracia hacerlo. Su Rector prohibido no tiene conciencia de los límites, de las fronteras que no se deben franquear sin irrumpir en terrenos ajenos. Todo lo que está en el universo está a su servicio. Y punto. Sin más complicaciones. Con lo cual el Promotor no se comportará como un niño, sino como un bebé.

Lo que más valora en su vida social es la enorme cantidad de gente que puede seducir. No ve a las que puede perder con sus trampas, sino a la inagotable reserva que le proporciona el mundo para seguir como ganador en un mundo de gente timorata y sin imaginación. Las excepciones que hace a esa concepción del mundo sólo atañen a su madre, a quien él idolatra, y, en mucho menor grado, a su familia creada, que tendrá como opción seguirle la corriente o verse abandonada por él.

Espiritualmente, el Promotor cree en Dios. En un Dios de alegría que le ríe sus gracias. Y en un dios de amor que todo lo perdona, sobre todo cuando, como es su caso, no hay maldad. Pero en verdad, lo que triunfa en su visión es un dios de astucia. Mercurio en persona. Un Dios que lo tolera todo salvo el fracaso, la derrota. Por eso, además de lo visto, el Promotor es muy competitivo. Siempre se está midiendo con los mejores y siente sinceramente que lo que alguien dotado ha hecho o descubierto o creado se lo ha quitado a él, sencillamente por suerte, porque se le ha adelantado. Y, si se la ha adelantado, es que hizo trampas, luego robarle es casi un acto de ética, así se lo justifica todo y plagia sin el menor remordimiento.

Vale decir que para el Promotor, la clave del éxito está en la vitrina. Se es lo que se aparenta. Y por ello cuida tanto su imagen y vive por encima de sus medios. En todo. Su empresa es una inmensa vitrina y feria de lo más caro y novedoso. Su casa es un museo de la vanguardia de los gadgets. Con eso se impresiona y cree en sí mismo y logra impresionar a los demás. Es un espléndido anfitrión, muy dadivoso, porque eso forma parte de sus gastos de representación. Tiene un lujoso y vanguardista chalet en la zona más costosa de la ciudad, tiene sus oficinas en el rascacielos más alto, en el pent house, tiene el coche más caro y más veloz y pisa el acelerador con febril gozo. Porque él va por la vida a toda pastilla para dejar una estela imborrable que los demás admirarán con pasmo.

Lo que más lo atormenta de sí mismo son sus celos, sus tremendos y agobiantes celos. Amar significa morir de celos, carcomerse en el terror de verse abandonado. Su arquetipo secreto es Otelo. Por eso intenta hacer competir a los amados por él y pasarles la patata caliente de sus celos. Si es infiel, es un poco por su alegría inflada y su falta de límites socializadores, y un mucho para hacer que las personas a quienes ama compitan por él y lo celen. Así no tendrá que asumir ese mal que lo mina. El Promotor, así, adora ser envidiado, porque para él es sinónimo e indicador de éxito. Y él envidia a quien admira. Eso debería ser, desde su perspectiva, de agradecer.

Vivir una vida y un universo como el suyo tendría que instalar a cualquier ser normal en el terror de verse descubierto por tramposo y de ser abandonado por los mejores. El no siente miedo, siente alegría y excitación por vivir así, en una perpetua huida hacia adelante.
Sus animales preferidos son el zorro, el águila y las serpientes.

Si quieres conocer más en profundidad esta tipología, te recomendamos leer el libro “El esplendor de lo humano”, de Preciada Azancot. Puedes adquirirlo en:
http://www.amazon.com/El-Esplendor-lo-Humano-Spanish-ebook/dp/B00CA5OGT4

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

Para aprender a redimensionar tu competencia, la Alegría, te recomendamos la lectura del libro: “El universo de la plenitud: Instalándose en la alegría“, fijándote especialmente en el personaje de Eduardo:

EL UNIVERSO DE LA PLENITUD - PRECIADA AZANCOT - CUBIERTA

Para aprender a reconectar y recuperar tu talento, el Amor, te recomendamos la lectura del libro:  “El universo de la pertenencia: Guardando el amor“, fijándote especialmente en el personaje de Eduardo:

EL UNIVERSO DE LA PERTENENCIA - PRECIADA AZANCOT - CUBIERTA

Para aprender a dejar de huir, a descubrir y a recuperar tu vocación, el Miedo, te recomendamos la lectura del libro: “El universo de la seguridad: Haciendo retroceder el temor“, fijándote especialmente en el personaje de Eduardo:

EL UNIVERSO DE LA SEGURIDAD - Preciada Azancot